La inscripción hallada en Xultun revela a Sak Tahn Waax, un erudito del siglo VIII asociado a cálculos sobre Venus, Marte y los ciclos del calendario
Durante siglos se supo que los mayas desarrollaron una de las tradiciones astronómicas y matemáticas más sofisticadas del mundo antiguo, pero casi siempre sin nombres propios. Sus cálculos aparecen en códices, inscripciones y calendarios; sus observaciones guiaron ceremonias, construcciones, fechas rituales y decisiones políticas. Lo que faltaba era saber quién estaba detrás de esa arquitectura del tiempo.
Esa inquietud comenzó a tomar sentido en el sitio arqueológico de Xultun, en el noreste de Guatemala con un equipo internacional de arqueólogos y epigrafistas que logró descifrar una inscripción que atribuye una compleja fórmula astronómica a Sak Tahn Waax, un matemático-astrónomo maya del siglo VIII. El hallazgo, publicado en la revista Antiquity, es considerado el primer y único caso conocido de un especialista maya del periodo Clásico identificado por nombre y vinculado directamente con su trabajo intelectual.

La inscripción forma parte del llamado Texto 19, localizado en la estructura 10K-2 de Xultun, un pequeño edificio con pinturas murales e inscripciones matemáticas. Según el estudio, el texto registra una secuencia de fechas e intervalos calendáricos que no responde a un acontecimiento específico, sino a un ejercicio matemático construido con ciclos vinculados al calendario solar, al conteo ritual, a Venus y a Marte.
Una firma dentro de un antiguo taller del tiempo
El descubrimiento resulta excepcional porque las antiguas inscripciones mayas habían permitido identificar a artistas, escultores o gobernantes, pero no a quienes elaboraban los cálculos astronómicos. En este caso, los investigadores encontraron once bloques jeroglíficos y, al final de la secuencia, una atribución personal. La fórmula aparece acompañada por la expresión equivalente a “así dice” o “así lo dice”, seguida del nombre Sak Tahn Waax, traducido como “Zorro de pecho blanco”.
Para recuperar el texto, el equipo utilizó dibujos a escala, fotografías, escaneos e imágenes multiespectrales que permitieron leer trazos erosionados durante más de 1,200 años. La tecnología fue clave porque las marcas se encontraban en fragmentos frágiles de estuco y algunas partes eran casi invisibles a simple vista. A partir de ese trabajo, los especialistas pudieron reconstruir la inscripción y relacionarla con una fórmula de 2,920 días, equivalente a ocho años solares o cinco ciclos sinódicos de Venus.

Xultun ya era conocido por sus pinturas murales y por sus registros astronómicos, pero esta inscripción permite imaginar un espacio de trabajo donde los especialistas calculaban, ensayaban y corregían antes de producir textos más formales. Heather Hurst, directora del Proyecto San Bartolo-Xultun, comparó estos microtextos con borradores o bocetos: rastros del proceso previo a una obra terminada.
Sak Tahn Waax no es “el primer astrónomo maya” en sentido histórico, porque la observación del cielo existía desde mucho antes; sí es, hasta ahora, el primer matemático-astrónomo maya del periodo Clásico identificado por nombre en una obra de carácter computacional.




