El Senado de Brasil aprobó este miércoles con 75 votos a favor y uno en contra, reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales en dos fases, sin recortes salariales, así como establecer una semana laboral de cinco días.
El texto aprobado este miércoles 14 de octubre, es el mismo que recibió el visto bueno de la Cámara de Diputados desde mayo de 2026, por lo tanto, la enmienda será promulgada por las mesas directivas de ambas cámaras y no necesitará la sanción presidencial.
La promulgación de esta reforma constitucional está prevista para el martes 20 de octubre de 2026, fecha a partir de la cual entrará en vigor.
La reforma reducirá la jornada laboral en dos fases, lo que significa que dos meses después de la publicación de la enmienda, el límite bajará a 42 horas y un año más tarde, es decir, 14 meses después de su promulgación, se reducirá a 40 horas, con un máximo de ocho horas diarias.
El documento indica que se prohíbe cualquier reducción salarial, tanto nominal como proporcional, incluidos los salarios mínimos establecidos para cada categoría profesional.
Esta reforma es uno de los principales temas de campaña del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien impulsó el proyecto a once días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, no obstante, también cuenta con el apoyo de su rival, Flávio Bolsonaro, con quien se enfrentará en la segunda ronda de elecciones el próximo 25 de octubre.
La propuesta fue aprobada en dos votaciones consecutivas durante la misma sesión legislativa, tras recibir el respaldo de Bolsonaro y la consecuente adhesión del resto de senadores de la oposición, a quienes sus partidos dieron libertad de voto.
Bolsonaro se oponía al proyecto, sin embargo, anunció un cambio de postura para responder al clamor popular. Este cambio de opinión generó críticas de los senadores gubernamentales, quienes reprocharon la “volatilidad de convicciones” del candidato y advirtieron sobre la posibilidad de que reactive sus planes en caso de resultar electo.
El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, destacó el impacto positivo de la medida para millones de personas en el país. Según los sindicatos, unos veintidós millones de trabajadores verán reducida su jornada laboral, mientras que el senador Esperidião Amin, de la base de apoyo de Flávio Bolsonaro, hizo un llamamiento a la unidad con el sector empresarial para “amortiguar los impactos presupuestarios que conllevarán las medidas”.
Por otro lado, sectores productivos y patronales como la Federación de Comercio de São Paulo, se oponen a la reducción de la jornada,pues prevé un incremento del 22% en el costo de hora trabajada y advierte de la posible destrucción de hasta 1,2 millones de puestos de trabajo.
El senador Randolfe Rodrigues, del Partido de los Trabajadores, refutó esas proyecciones y sostuvo que “Brasil se sitúa así al nivel de los países más desarrollados” como Finlandia, Australia, Francia, Alemania, Noruega y Países Bajos.


